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Ud. sabe Archives - Memoria Pichilemina

Resguardando nuestra historia


Trenes, el Ramal a Pichilemu

Publicado el: Sun, 22 Jun 2014 08:32:49 +0000

vocesVoces a toda Máquina, una proposición lúdica en la que nos enrielan Víctor León D. y Catherine Valenzuela M., invitación a viajar en la muelle nostalgia a revivir las millares de experiencias durante los viajes, que por infinitas razones, se realizaron en los trenes del ramal ferrocarrilero de San Fernando a Pichilemu, de ida o de vuelta, a bordo del tren o fuera de él, viajeros, funcionarios o espectadores.

A la hora de partir, antes del pitazo, un recorrido por la historia del ferrocarril en el planeta, una vista sucinta de los primeros y míticos tramos que unió el tren, acá o acullá, las razones primitivas que estimularon su construcción y luego las interminables vicisitudes de todo orden que hubo de zanjar para cederle el paso a ese fenómeno de fierro.

El primer convoy que rodó en Latinoamérica unió el tramo de 27 kilómetros, entre La Habana y Bejucar, inaugurado en noviembre de 1837, Cuba aún mantenía la condición de colonia de España, el propósito era atender el transporte de azúcar y cafetales, “no obstante, al proyecto de origen, en los primeros años de su funcionamiento se centró en el transporte de pasajeros”.

En Suramérica, diez años más tarde es inaugurado el tramo de 8 kilómetros, uniendo Georgetown y Plaisance, Guyana Británica.

En abril de 1851, ya se transportaban pasajeros en tren desde Lima al Callao. Y nuestro Chilito, el tramo de Copiapó a Caldera con sus 81 kilómetros, fue inaugurado en diciembre del mismo año. Su objetivo era el transporte de minerales. La mano de obra que intervino en su construcción, “también denominados “carrilanos”, no conseguía grandes salarios. Gran parte provenía de la zona norte y otros desde el sur. Los inmigrantes del sur buscaban nuevas expectativas, dejando de lado el precario oficio de inquilino labrador, gañán o peón de la hacienda”.

Años más tarde, el ingeniero Enrique Meiggs durante la inauguración del tramo de Santiago a Quillota, dirá de los carrilanos: ”Todos los artesanos y peones chilenos han trabajado obedeciendo la voz del honor y del deber. Es cierto que yo los he tratado como hombres y no como perros, como ha sido aquí la costumbre. Porque ellos son eficientes si uno sabe dirigirlos (…)”.

La construcción del FF. CC., desde San Fernando a la costa se debe a la decisión del presidente José Joaquín Pérez, el inicio de las obras ocurrió a fines de 1870 y consulta un tramo de 40 kilómetros, hasta Palmilla, el objetivo más importante, era atender las necesidades de transporte de carga de los agricultores de Colchagua de productos para la exportación, por tanto, sería complementado con la construcción de un puerto en un punto, aún , no precisado, entre La Boca del río Rapel y Llico.

La inauguración de esta etapa fue en noviembre de 1872. Tardó casi dos décadas la consecución de la siguiente etapa, entre Palmilla y Alcones, para ello se contó con el impulso del presidente José Manuel Balmaceda.

En 1872 se realizaron los estudios de reconocimiento del litoral a cargo del hidrógrafo, capitán Francisco Vidal Gormáz. Las conclusiones de su informe tendrán una influencia decisiva en la elección del lugar más apto para construir el puerto y por consiguiente, la terminal ferroviaria, el punto elegido fue la Rada de Pichilemo. Tras la confirmación de Vidal Gormáz en un segundo estudio, en 1885, se realizaron las adecuaciones al trazado del tramo de Alcones a través de San Antonio de Petrel, hasta Pichilemu.

El tren llegó en octubre de 1892 a la estación de Alcones, la que durante 32 años será la puntade rieles. El siguiente tramo, el más accidentado debido a la topografía del terreno, se inició en 1900, tres túneles (entre ellos, El Arbol de casi 2 kilómetros), cortes de cerros, terraplenes, litigios mezquinos de propietarios de terrenos por donde pasaría la línea… hasta concluir en 1926, con el primer viaje oficial.

“A pesar que la llegada de este ferrocarril de manera oficial quedó registrada como 5 de enero de 1926, este no fue el primer viaje.

Días antes un influyente político de la zona obligó a los contratistas del ferrocarril a prestar servicio de manera particular y ser él quien llega por vez primera a este destino que costó más de sesenta años su construcción”.

Alarifes e ingeniero,Túnel El ÁRBOL
Alarifes e ingeniero,Túnel El ÁRBOL

Este duro gesto de prepotencia al inicio de sufuncionamiento será un sello o carga que el tren transportará a diario. La desidia e indolencia de usuarios, funcionarios y autoridades, con un empeño digno de mejores causas, contribuirán, paso a paso, a la destrucción de aquella titánica obra hasta convertirla en un hoyo negro, hoy quedan, principalmente,recuerdos, y algo invisible o difícil de cuantificar, el impacto en millares deseres que gracias al tren sus vidas accedieron a otra dimensión, especialmente aquellos que vieron facilitadas sus oportunidades de estudiar, desarrollarse, recrearse. Este es el espíritu que buscarescatar este libro, sin embargo no ha eludido el lado oscuro, las prácticas de los profitadores.

Una investigación a fondo, ricos testimonios que espero sean leídos y meditados por muchas personas,que puedan encontrarse con su historia o quizás, una parecida. En mi caso personal, una experiencia límite, allá por el año 1970, 28 o 29 de diciembre, después de pasar la fiesta de navidad con mi familia, regresaba a Santiago para rendir el último examen cuando cursaba sexto año de humanidades, en el instante que me disponía a abordar el tren, llegó un amigo de entonces para invitarme a viajar en automóvil con su familia, no obstante que ya había cancelado mi pasaje, decidí acompañarlo y me embarqué en el Ford Galaxie.

Todo fue muy bien hasta el cruce del camino con la línea férrea, al oriente de la estación de Peralillo, el conductor del automóvil debió parar sobre la línea para mirar si venía algún tren, puesto que una enorme higuera impedía la visual, el tren venía, y como a cien metros.

Tarde para retroceder y nuestro conductor resuelve pasar, casi un salto y la locomotora nos embiste desde la puerta trasera y la cola, haciéndonos dar otro salto, sobre nuestro eje y caer en dirección opuesta al tren y a un costado, sobre las ruedas, no fuimos arrollados ni arrastrados, que pudo ser peor, de los siete ocupantes, fallecieron dos, la mayor y la menor, una bebé de solo unos meses de vida, el resto con severas lesiones fuimos trasladados a diferentes establecimientos de salud, a mí me atendieron en el hospital local, tres costillas fracturadas y hematomas, pasé ahí alrededor de dos semanas, año nuevo inclusive, y un verano de reposo en casa, historia de trenes.

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El papa Pío IX estuvo en Chile

Publicado el: Wed, 18 Jun 2014 18:41:11 +0000

  • Cuando era el canónigo Mastai Ferreti
  • Crónica de Don Antonio de Petrel
PIO IX, Papa entre los años 1846 y 1878, conoció nuestro país en el año 1824, como integrante de la misión encabezada por Monseñor Juan Muzi y que en marzo de ese año llegaba a Chile, enviada por el Papa León XII.
PIO IX, Papa entre los años 1846 y 1878, conoció nuestro país en el año 1824, como integrante de la misión encabezada por Monseñor Juan Muzi y que en marzo de ese año llegaba a Chile, enviada por el Papa León XII.

UD. SABE QUE… la anunciada visita de Su Santidad, el Papa Juan Pablo II a Chile, para el mes de abril del próximo año conmueve a todos los chilenos a un estado de gran expectación. Muchos de ellos ya viven el júbilo y la esperanza ante su eminente presencia.

Esta es la primera vez que nuestro país tiene la gracia de que la misión de la más alta investidura de la Iglesia Católica en ejercicio del Pontificado planee visitarnos. Antes, durante el gobierno de don Bernardo O’Higgins, la novel república prevía la importancia y la necesidad de contar con una representación del Papa en Chile y que a la postre estaría formada entre otros por Juan María de Los Condes Mastai Ferreti, quien sería años más tarde el Papa Pío IX, en ese entonces auditor de Monseñor Juan Muzi, Vicario Apostólico para Chile.

Motivado por una información de un amigo, interesado por los temas históricos, en el sentido de que Mastai Ferrati (más tarde Pío IX) había oficiado una misa de campo en una cueva de una Hacienda costera de Colchagua, situada en lo que es hoy la comuna de La Estrella, iniciamos para ustedes una amplia investigación bibliográfica de cuantos trataron sobre la Misión Muzi en Chile, sin encontrar antecedentes que nos permitieran confirmar este hecho relacionado con quien fuera Pío IX y nuestro terruño colchagüino en ese entonces. No obstante, luego de indagar en los escritos del secretario de la Misión, Presbítero José Sallusti, Barros Borgoño, del Canónigo Carlos Silva Cotapos, de don Nicolás González Errázuriz y otras relaciones de la Iglesia Católica, referiré igualmente las circunstancias históricas de la Misión Muzi en Chile, por la alta consideración que demostraron hacia nuestro país los papados que se sucedieron en la silla de San Pedro, en esa época tan crucial a nuestra patria; como lo haría constar el propio O’Higgins a su Santidad Gregorio XVI: “No tengo duda alguna que su Santidad desea bases sólidas para la Iglesia Católica. Me consta, por la atención que recibiera mi enviado-añade O’Higgins ante Su Santidad, cuando yo estaba a la cabeza de Gobierno de Chile, en el año 1821.” Y agrega más adelante: “Su Santidad Pío VII trató en aquella ocasión a mi representante, Doctor Cienfuegos, con el mismo respeto que manifestara al Rey de España”.

La Independencia de Chile, que quedó afianzada definitivamente desde el día que la captura de la “María Isabel” hizo a la naciente escuadra chilena dueña de Pacífico de América del Sur… y ésta (la Independencia)”….También hubo de influir poderosamente en la vida de la Iglesia. Y no podía ser de otra manera, supuesta la unión tan estrecha que parecía confusión entre la Iglesia y el Estado durante la dominación española”. (C.S.C. 1915).

Delicados asuntos eclesiásticos y de Estado se cruzaban creando graves conflictos de autoridad y competencia. Por cuanto O’Higgins y el Senado resolvieron enviar a Roma un agente plenipotenciario que sería don José Ignacio Cienfuegos, Senador y Gobernador del Obispado, patriota y gestor de la Misión.

En lo más sustancial, la República de Chile solicitaba el nombramiento de un Legado o Nuncio estable en Chile, la ampliación de las sedes episcopales y otros con rentas y asuntos administrativos.

Hasta ese momento ningún gobierno europeo había reconocido la independencia de Chile, ni de ninguna república americana. No obstante, O’Higgins entre sus medidas de política externa había solicitado el reconocimiento de nuevo gobierno a Inglaterra, Francia, Rusia, EE.UU., entre otros. Por tanto el puro acto de recepción de la Misión diplomática chilena implicaba el reconocimiento tácito del actual gobierno de Chile. Esta expectativa hacía albergar serias dudas y también esperanzas de que fuera recibida la Misión, por la Santa Sede.

El 26 de enero de 1822 partió el Ministro Plenipotenciario desde Valparaíso. Después de casi siete meses de viaje, la Misión se encuentra en Roma. El papa de entonces, Pío VII y su secretario de Estado, Consalvi, recibirían a Cienfuegos a poco de llegar en una audiencia privada, sin el protocolo reservado a los embajadores de gobiernos acreditados, para obviar la fuerte oposición de la corona de España.

Mas, el Papado desde el primer momento, reservadamente demostró excelente disposición para tratar el asunto chileno y a su dignatario. Así, designó una comisión a propósito, compuesta por los nobles cardenales: Consalvi, Della Ganga (León XII, sucesor de Pío VII), Della Somaglia, Pacca, De Gregorio y Castiglioni, quién sería el Papa Pío VIII.

Luego de dilatadas negociaciones, influídas por complejos juegos de intereses, por la inestable situación política chilena y la conmulsionada España en todos sus frentes. Y en donde tampoco fueron ajenas las intrigas personales.

En Chile, las provincias de Concepción y Coquimbo provocaban la caída de O’Higgins y don Ramón Freire asume como nuevo Director Supremo.

En tanto que España, seriamente agitada por su situación interna, en sus relaciones con sus colonias que se sacudían de su tutela y con las grandes potencias euopeas que reunidas en Verona exigen la abolición de su Constitución y facultan a Francia el empleo de la fuerza si es necesario, para mantener el acuerdo.

España debilitada e incapacitada para reconquistar las colonias americanas; circunstancias que determinaron al Papa a enviar un Nuncio a Chile (C.S.C.), designando a Monseñor Ostini, Profesor de ciencias sagradas del colegio romano. Aceptó el cargo, para posteriormente renunciar a él, accediendo a presiones que impusieron sus familiares y amigos.

En reemplazo fue designado Monseñor Juan Muzi, auditor en la Nunclatura de Viena, consagrado arzobispo de Filipos, recibiendo nombramiento de Vicario Apostólico. No obstante este título, las atribuciones concedidas por Pío VII y ratificadas luego por León XII, eran más amplias que las conferidas a un Nuncio y más que las que el Gobierno chileno había solicitado. Por esta razón y por los selectos componentes de la Misión diplomática, integrada por el Vicario Muzi, el auditor Juan María de los Condes Mastai Ferreti y José Sallusti, secretario, hace la más importante representación de la Santa Sede en la América de la época y confirma la opinión de quienes vieron en ella un verdadero reconocimiento oficial de la soberanía chilena, y al que se sucederían otros estados.

Luego de un accidentado viaje desde Europa, llega a Santiago la Misión Muzi, en marzo de 1824, la que es recibida por el Director suplente Don Fernando Errázuriz, en ausencia de Director Supremo Freire, en campaña militar en Chiloé.

Monseñor Muzi con gran diligencia aborda las tareas de la Iglesia, fundamentalmente su organización, dada las profundas huellas dejadas en el período revolucionario. Definió en un documento pastoral la posición de la Iglesia respecto de las relaciones con la Santa Sede con el Estado, tras el cual se supone la activa elaboración y redacción de Mastai Ferreti (Pío IX).

El tenor de esta y otras actuaciones de Monseñor Muzi en favor de la Independencia de la Iglesia atrajo la animadversión de los liberales en el poder del Estado, quienes suponían a Muzi como enemigo de la revolución y agente de la Santa Alianza, determinada a reimplantar el coloniaje Español.

Agravada esta situación por la intervención del Estado en los bienes de la Iglesia y la separación de Obispo Rodríguez-Zorrilla del mando de la Diócesis -decretada por el gobierno de Freire- determinó a Muzi poner fin a su Misión, por considerar esas medidas una afrenda para la Iglesia, a Su Santidad al Papa y sus representantes.

El 30 de octubre de 1824, parte desde Valparaíso la Misión Muzi, no sin antes recibir grandes demostraciones de afecto de parte de los habitantes. Refiere el secretario Sallusti: “La emoción del pueblo fue del todo admirable. Animado de los más vivos sentimientos de verdadera piedad, corría en tropel a nuestra casa y por varios días asedió de tal modo la puerta, que fue necesario atrancarla por dentro o hacerla custodiar con guardias para evitar los inconvenientes, si se abría para administrar la confirmación o para dar curso a las infinitas súplicas que se habían presentado en aquellos últimos días. Este raro espectáculo de piedad y de afecto, fue de punto conmovedor, desde que despuntaba el día hasta muy avanzada la noche, el pueblo siempre permanecía agolpado a neustra casa”.

Durante una escala de descanso en Montevideo, Uruguay, Muzi hizo público un documento llamado “Carta Apologética”, en la que reseña las circunstnacias en las que le tocó actuar en Chile y las razones que fundamentaron el retiro de la Misión. Conocido (el documento) en Chile provocaría hondas repercusiones en la Iglesia y el Gobierno.

Publicado originalmente en “Pichilemu”, 31 de diciembre de 1986, página 2. Reproducido con autorización.

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¿Historia?… y es así como se escribe la historia

Publicado el: Mon, 09 Jun 2014 14:00:55 +0000

(Voltaire, 1766) Crónica de Don Antonio de Petrel

UD. SABE… que a partir del nuevo enfoque dado al estudio de la arqueología, luego de un profundo replanteamiento de su quehacer, ésta se ha convertido en una ciencia de gran valor para la investigación histórica de las culturas precolombinas y de todas aquellos pueblos antiguos que carecían de escritura; que no se han encontrado evidencias de ella o no se ha logrado descifrar sus caracteres.

Por mucho tiempo la escritura fue considerada universalmente por los estudiosos como el hito de desarrollo cultural que separa la etapa histórica y la prehistórica de un pueblo.

Esta división peyorativa aún persiste y algunas de sus consecuencias se hacen sentir, confundiendo el conocimiento del pasado.

Graves errores históricos se difunden en textos de enseñanza y obras de todo tipo. “Gracias a la escritura”, la multiplicación de puntos de vista y o intereses al constatar los acontecimientos y adjudicar los roles de los personajes, hace que frecuentemente estos nos aparecen distorsionados como en la casa de los espejos, en tanto que se supone que la relación escrita es más fiable que la reconstrucción (en algunas etapas especulativas) del pasado a partir de las muestras materiales de una cultura determinada.

Un reflejo engañoso de esta naturaleza lo constituyen los hechos que voy a destacar. Recientemente se han conmemorado oficialmente dos importantes efemédides históricas: El descubrimiento del continente americanos atribuido a don Cristóbal Colón (navegante genovés), el 12-10-1492 y otro, el descubrimiento del Estrecho de Magallanes por don Hernando de Magallanes (marino portugués), el 1° de Noviembre de 1520. Ambos extranjeros al servicio de España. Magníficas empresas, ambas, para la conquista de los nuevos territorios. Por el mérito de sí mismas no requieren tomar prestado ni tampoco les usurpan su debida importancia.

Mas, en notas anteriores he expuesto y fundamentado hechos acerca de antiguos conquistadores en el territorio de América, que son indesmentibles. Nuestro continente, si bien no es lugar en que ha tenido origen el hombre, ya era conocido por el hombre hace más de 30.000 años, desde las inmigraciones nor-asiáticas a través del Estrecho de Behring. Y posteriormente a través del mar, miles de años después, como los egipcio-berberiscos, en Sud América principalmente. Normandos en el Vinland y Groenlandia (parte nororiental de Norteamérica). Los griegos, dos siglos antes de Cristo conocían y le dieron nombre a la Antártida. (Algunas tradiciones y leyendas orales “mapuches” que se investigan en la actualidad, relacionan a este pueblo con Esparta). En otros varios puntos de América se han encontrado evidencias arqueológicas y toponimias de origen celta, polinésicas, malayos y de otros orígenes. Por diversas razones estos pueblos, a través del tiempo, fueron asimilados, abandonaron, fueron extinguidos o desarrollaron los pueblos orígenes de este continente.

El desorejado
El “desorejado” Pedro Calvo

“Durante siglos se mantuvo el concepto erróneo de que Cristóbal Colón había sido el primero en llegar a América”. O. Fonk. Hoy todavía se repite profusamente. Del mismo modo sucede con el mérito del descubrimiento de Chile, atribuido arbitrariamente a don Diego de Almagro durante su incursión de 1536. Sin embargo, el mismo Almagro encontraría en territorio de Chile, en el valle de Aconcagua, al “Desorejado” Gonzalo Calvo Barrientos, o Pedro Calvo según otro autor. Además tomó contacto con otro español, Anton Cerrada en las márgenes de Conchali. Todo esto, 16 años después que don Hernando de Magallanes penetrara al estrecho, desembarcara y diera nombre a la Patagonia y Tierra del Fuego. Y a 10 años que una de las naves de la expedición de Fray García Jofré de Loayza descubriera el Cabo de Hornos, hasta el grado 55 de latitud sur. Aún más, la expedición de Almagro encontró varios pueblos todavía controlados por los curacas, nombrados por el inca establecidos hasta el río Maule donde la invasión del Topa Inga 60 años antes, estimulado por informaciones de habitantes de Tucumán, que ya conocían la tierra de Chili.

Ahora la arqueología nos merece más respeto y quienes se ocupan de ella, sea recolectando los restos aparecidos, analizándolos, destacando y preservando los sitios arqueológicos para que sean excavados por arqueólogos profesionales y analizados debidamente.

En este campo, la labor realizada encomiablemente por el profesor Carlos Leyton Labarca, de Los Ciruelos (Pichilemu) nos merece digna de todo elogio. Junto con el grupo de alumnos “Nuestras Raíces” han logrado una interesante muestra de herramientas y armas confeccionadas en piedra, hueso y otros materiales, por los antiguos habitantes de la zona. Objetos de Cáhuil, Los Ciruelos, Las Comillas, Los Cruceros, Catrianca, Chacurra, etc., forman parte de la colección. Además algunos elementos de los primeros colonos españoles y de sus descendientes. ¡Bien Profesor! La arqueología representa muchas veces la única oportunidad de conocer la historia de un pueblo.

TODO ES HISTORIA… DE SIEMRPE… SOLO HISTORIA.

(7 de noviembre de 1986)

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Ud. sabe…

Publicado el: Sun, 08 Jun 2014 21:25:22 +0000

Maui, mucho antes que los españoles, anexó territorios de Chile para el rey de Egipto, para su reina y noble hijo. Esto sucedía 231 años a.C., en el reinado del faraón Ptolomeo III.
Maui, mucho antes que los españoles, anexó territorios de Chile para el rey de Egipto, para su reina y noble hijo. Esto sucedía 231 años a.C., en el reinado del faraón Ptolomeo III.

Ud. sabe que… Reconstruir el pasado histórico más remoto de los hombres que habitaban la costa de Colchagua es una tarea difícil.

Faltan estudios sistemáticos, multidisciplinarios, con ayuda de fechados radiocarbónicos para establecer concluyentemente la cronología de las ocupaciones.

Los informes emitidos hasta ahora por algunos investigadores, constituyen en su mayoría hipótesis de trabajo. No obstante, permiten elaborar una imagen de lo que han sido estas ocupaciones.

La presencia del hombre en el continente americano se puede situar alrededor de 30.000 años a.C. Análisis de restos arqueológicos de sitios en Norteamérica fechados con carbono 14, así lo demuestran. (El carbono 14 es el método de mayor precisión en este tipo de cálculo).

En el territorio de Chile los hallazgos más antiguos fechados con carbono 14 datan 11.160 años a.C. y corresponden a la laguna de Tagua-Tagua en la Sexta Región. Le sigue en antigüedad los restos de fogón de la Cueva Fell, en la Patagonia Chilena y data 10.720 a.C.

instrumentoEn la costa hay gran cantidad de conchales que evidencian también, la presencia de aldeas de pescadores y mariscadores que complementaban esa dieta con la recolección de vegetales en las quebradas de la costa. Capturaban animales marinos como lobos de mar, cazaban aves y recogían algas. Sus instrumentos estaban hechos de toscos guijarros y de huesos de lobos marinos” (O. Silva)

Expediciones hechas por la Sociedad de Arqueología F. Fonk de Viña del Mar en yacimientos de Cáhuil y Pichilemu, a cargo de don Julio Montané (1951-1956) han recolectado importantes piezas de piedra, cerámica y otras.

Julio Montané ha realizado observaciones de sitios en las terrazas I y terrazas II a través de una extensión que abarca playa Miller en Arica y la ribera norte de la desembocadura del río Nilahue en Cáhuil-Pichilemu.

“En la costa de Cáhuil, (34°29’Lat. S.) principalmente al norte de la desembocadura del río Nilahue, se distinguen dos niveles de terrazas: 1) La primera, cubierta de dunas vivas que le dan una mayor altura sobre el nivel del mar, fluctuante hasta los 10 ms. para los sitios arqueológicos agroalfareros. En esta terraza I se encuentran entre dunas vivas, varias pequeñas lagunas y 2) Una segunda terraza en la parte norte de la playa de Cáhuil tiene una altura que llega a 35 ms. en el sitio en que se encontraron elementos líticos descritos como precerámicos” (J. Montané).

La secuencia cultural de la costa central de Chile elaborada por B. Berdichewsky atribuye a las culturas precerámicas una antigüedad de hasta 3.000 A.C.

Los elementos líticos precerámicos encontrados en Cáhuil son herramientas de basalto negro, confeccionadas con técnicas de percusión y de presión, conservando en parte la superficie natural de la piedra.

La facutra de estos litos difiere de otros encontrados en la terraza I y que incluyen además, cerámica, relacionada con la cultura diaguita-chilena, períodos de transición y clásico y con alfarería de períodos incaicos más recientes. (“El camino del inca con destino a la laguna de Vichuquén, rodeaba la laguna de los Choros-Cáhuil (O. Mellado).

En 1885 Karl Stolp, geólogo alemán, durante una prospección minera hecha al interior del valle de Tinguiririca encontró en las paredes de rocas de una cueva que le sirvió de refugio, unas inscripciones de escritura desconocida por Stolp, copiadas por él, y publicadas en el boletín de la Sociedad Científica alemana.

Años mas tarde, el especialista Barry Fell de la Universidad de Harvard, descifró íntegramente la inscripción cuyo lenguaje es antiguo maorí. Idioma hablado primitivamente en Libia y emparentado con el egipcio antiguo y levemente diferente de idioma moderno de la Polinesia. La traducción es la siguiente:

“Límite sur de la costa alcanzada por Maui. Esta región es el límite sur del país montañoso que el comandante reclama, por proclamación escrita en este regocijante país. A este límite sureño él dirigió la flotilla de barcos. Este país el navegante anexa para el rey de Egipto, para su reina y para su noble hijo, corriendo una distancia de 4.000 millas de precipicios, nevadas montañas levantadas en lo alto. Agosto, día 5, año real 16”.

Corresponde al 231 a.C. reinado del faraón Ptolomeo III.

El investigador O. Fonk que trata el tema de los conquistadores norafricanos y su presencia en Chile, ha logrado traducir en base al idioma pascuense actual, varios nombres de lugares en la zona del valle de Tinguiririca, usados hasta hoy. Esto demuestra que dichos colonos coexistieron en la región, habitada por picunches, manteniendo cierta autonomía e imponiendo su propia toponimia. Tinguiririca, Rengo, Pelequén, Requinoa, Chimbarongo, Teno, Rapel.

La larga ruta de los navegantes libio-egipcios se encuentra demarcada en varios puntos de su trayecto. Diversas islas en el archipiélago Indochino y la Polinesia contienen inscripciones, restos y toponimios que han sido cuidadosamente analizados y fechados.

Las más notables encontradas en Chile, corresponden a las interesantes pinturas rupestres al interior de Arica. El toponimio mismo de Arica de la denominación que llevaban los reyes de Pascua, al igual que los sumos sacerdotes: “Ariki”. Y otros de la zona. Y las ya mencionadas en el valle de Tinguiririca, junto a otros monumentos megalíticos cerca de “Rocas de Santo Domingo” (piedra de sol, sarcófago de piedra antropomorfo de doble faz, esculturas de piedra zomorfas). Todos estos hitos nos demuestran la huella de la incursión a través del curso del río Rapel y su afluente en el río Tinguiririca. La costa de Rapel ha estado ligada a Colchagua desde la creación del corregimiento del mismo nombre.

El análisis hecho por don José Toribio Medina en 1905 a una formidable escultura de piedra (encontrada en Cáhuil al cavar una zanja divisoria entre dos propiedades), dada su particularidad, lo llevó a cuestionarse “si tales ídolos, o como quiera llamárseles, de la edad neolítica corresponden a manifestaciones religiosas o de otro carácter de un pueblo diverso del peruano o del que encontraron los capitanes del Inca. Y no puede dudarse de que existió aquí una raza o pueblo que dejó, como en el resto de los Andes relaciones, en verdad no descifradas hasta hoy, en las que aparecen figuras de hombres y animales”. Continúa Medina; “tanto por el material de que está hecho como por el sitio en que fue encontrado, que corresponde a una área diversa de aquella en que aparecen los objetos incásicos, creemos que a esta última procedencia corresponden el que voy a describir”.

Es clara la relación que don José T. Medina establece entre esta pieza y la cultura que más tarde Mr. Barry Fell identificaría como libio-egipcia (Berberisca).

Si bien es cierto esta cultura la representa una “lechuza simbólica” y atribuye un propósito simbólico para la guerra, “que representa la conveniencia de que, cual la lechuza, era necesario velar de noche para no descuidarse, ni aun entonces, de los ataques de los enemigos”. Medina, advierte al final, que su interpretación sobre el significado no es concluyente y deja abierto el campo a otros análisis, otras interpretaciones.

Por ahora nosotros podemos plantearnos algunas interrogantes: ¿era berberisco el artífice de la escultura de Cáhuil?, ¿o su maestro, a qué raza e influencias pertenece?.

Según una vieja leyenda de los habitantes de Rarotonga, referida por Albert Kalsbeek, de Honolulu, Hawai, Maui falleció en continente sudamericano y su hijo Kiu navegó de vuelta con un grupo de personas hasta las Islas Polinésicas. Esto significaría que Maui fue sepultado en Chile.

¿Corresponde la mencionada escultura a un hito funerario?.

¿Existe alguna relación entre esta escultura y el cementerio de Cáhuil descubierto por la gran lluvia y que contenía al menos doce cadáveres? ¿el sepulcro bajo la terraza de parque, en Pichilemu, descubierto por Evaristo Merino y, analizado luego por don José T. Medina?.

Existen sin duda muchas otras preguntas sobre este interesante tema. Más aún, quedan yacimientos y cementerios inexplorados que esperan la investigación científica profesional, antes que la mano depredadora de “coleccionistas” borre todo vestigio y haga imposible su estudio.

“Todo pueblo que honra su pasado, se honra a sí mismo”, (Max Uhle).

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1926: El día que llegó el tren

Publicado el: Thu, 05 Sep 2013 06:15:16 +0000

Antigua foto de la época, tomada a los meses después de que se inaugurara definitivamente el servicio de trenes entre San Fernando y el balneario. Aparecen pasajeros y “carrilanos” delante de la vieja locomotora a vapor.
Antigua foto de la época, tomada a los meses después de que se inaugurara definitivamente el servicio de trenes entre San Fernando y el balneario. Aparecen pasajeros y “carrilanos” delante de la vieja locomotora a vapor.
  • Una crónica de ANTONIO de PETREL

El día 5 de enero es una fecha muy importante para las efemérides locales. Tanto más el recién pasado, por cuanto hace 60 años (1926) arribaba a Pichilemu el primer tren en viaje inaugural del último tramo ferrocarrilero que une este punto con la extensa red nacional.

Tan grande logro es un hito que marca el acelerado desarrollo que se gesta en el joven balneario, gracias al impulso del tenaz empresario Agustín Ross. En su comunión de amor con esta tierra no escatimó su gran fortuna para crear la infraestructura del primer complejo turístico-hotelero del país.

Toda esta obra debía ser asequible con mayor comodidad para los pasajeros que la proporcionada por “las cabritas”, en el heróico y no menos romántico viaje desde Alcones al Puerto. Por todo esto, la figura del señor Ross no es ajena a la realización de esta magnífica obra de ingeniería, más aún su activa participación, patrocinando el estudio de una comisión de ingenieros para un trazado férreo, el uso de su gran influencia en los medios de decisión político-económico-social y prensa. Se puede decir que no dejó cabo sin atar.

Proyectos

El proyecto Ross nacía a la altura de Marchigüe en el lugar llamado Yerbas Buenas y pasando por Marchant, Peñablanca para buscar el valle de Nilahue bordeando el estero hasta Cáhuil y proseguir por el camino nuevo costanero hasta Pichilemu. Y aquel que sería en definitiva nuestro ferrocarril.

Trazados y obras

Don Eugenio Botiller (1895), don Domingo Víctor Santa María (1897), don Ramón Nieto, Ascencio Astorquiza (1900). En los estudios de trazados.

En túneles Don Eduardo Barriga, Carlos del Campo, Juan Taulis formaban la comisión de ingeniería encargada de estudiar cálculos y operaciones del terreno.

5 de enero

El estado del puente peatonal de acceso al recinto ferroviario ahorra cualquier comentario. La foto fue captada por el “PICHILEMU” el 8 de marzo, un día antes que el servicio veraniego de ferrocarriles concluyera en la temporada ’86.
El estado del puente peatonal de acceso al recinto ferroviario ahorra cualquier comentario. La foto fue captada por el “PICHILEMU” el 8 de marzo, un día antes que el servicio veraniego de ferrocarriles concluyera en la temporada ’86.

Varios de los responsables de la proyección y ejecución bajaban hoy acompañados de las autoridades de diversos pueblos del trayecto, además de algunos turistas, con gran algarabía.

Yo fui invitado a viajar en este flamante convoy tirado por una poderosa locomotora negra, ataviada de banderas y otros adornos que se agregaban en cada una de las estaciones de paso. Su intensa fumarola era rota por los vientos que cruzan Las Vegas, a la entrada del puente de fierro de un pitazo ensordecedor sumado al ruido de petardos –inédito en estos parajes– quebró el silencioso pastar de animales costinos que huían despavoridos.

A la distancia exacerbaba la fanfarria y el jolgorio de la comunidad reunida a celebrar el acontecimiento, llenos de esperanza y fe en el progreso que significaría este medio de transporte.

Entre aquellas caras se encontraban muchos obreros carrilanos, que trabajaron en los túneles, terraplenes y puentes. En sus fachas de domingo distinguí a Juan Acevedo, más allá a Lucho Galaz, también a Ramón González y tantos otros.

Orgullosos, como se mira a un hijo predilecto veían su tren bufando en la estación en el Bajo del Retamo a orillas de la laguna de Petrél, impresionante ventana al Pacífico.

Desde ahora podrían trasladarse sin tantos sacrificios a múltiples ciudades para sus diligencias. En fin, el productor agrícola, el salinero podría llevar su mercancía a los mercados del país o embarcarlos. Bien de todos.

Sesenta años después con su actividad deprimida por circunstancias que debieran ser estudiadas atentamente para superar la crisis y mantener vigente la alegría y la esperanza de la gente que hoy viene a saludar el primer tren de Petrél.

Así informó El Mercurio
Así informó El Mercurio

Antes había tres llegadas y tres salidas al día

Luis Fernando Lorca, “cortero”, de 65 años, nos contó la faceta desconocida de su oficio: acarrear equipaje de los pasajeros que llegan y salen de la estación pichilemina. LA FOTO lo muestra junto al tren a Santiago, único servicio de Ferrocarriles.
Luis Fernando Lorca, “cortero”, de 65 años, nos contó la faceta desconocida de su oficio: acarrear equipaje de los pasajeros que llegan y salen de la estación pichilemina. LA FOTO lo muestra junto al tren a Santiago, único servicio de Ferrocarriles.

Algo nos faltaba para complementar la crónica de esta página. La nota humana, vista no necesariamente por alguien que trabajó ahí, dentro de la empresa. Y ahí surgió como protagonista el nombre de un personaje: “el cortero”, en la persona de Luis Fernando Lorca Opazo.

Al pedirle nos contara de su trabajo en tiempos pasados, con nostalgia y ojos humedecidos, no dudó en hacerlo en ese momento a pesar que esperaba la llegada de los buses para ofrecer sus servicios.

Sin embargo, nos abstenimos de abusar de su buena disposición, y acordamos encontrarnos al día siguiente en la estación de ferrocarriles. Y ahí es donde efectivamente conversamos con este hombre, de 65 años, natural de Requínoa y criado en Palmilla, quien reside –dice– aproximadamente unos treinta años en Pichilemu.

Nos cuenta por ejemplo, que la llegada de pasajeros e ida de éstos, especialmente en verano, ayudándoles a “acarrear” su equipaje, constituía el oficio que le permitía parar la olla y de tomarse sus traguitos. “En los mejores días –recuerda– nos hacíamos unos mil o más pesos de ahora”. Y agrega con nostalgia y resignación: “Hoy en día no es como antes. Todo ha cambiado, la gente no da propina como antes”.

“Quince años o más, atrás, no parábamos de trabajar, ya que diariamente en verano habían tres llegadas y tres salidas de trenes. Y los días domingos se agregaba el excursionista. Estos últimos años esa actividad ha ido bajando cada vez más. Sin ir más lejos –añade– este verano tuvimos un solo tren al día y nada más que parte del verano”.

Llevándolo a otro tema, don Fernando nos cuenta que junto a los demás “corteros” debía barrer diariamente los andenes de la estación.

Los minutos avanzan y la salida del único tren a Santiago se aproxima. Los pasajeros llegan presurosos a ganar una ubicación y don Fernando, siempre solícito y respetuoso se ofrece: “le ayudo caballero”. Nosotros nos despedimos y dejamos que se gane un “cortesito” que falta que le hace”.

Nuestro personaje se aleja, cargado de bultos, siguiendo a su patrón de segundos.

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Publicado en el periódico “Pichilemu”, n° 11, 27 de marzo de 1986. Reproducido con permiso del autor.

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